Salimos de UB a mediodia, unas 2 horas mas tarde de lo planeado.
Pronto nos encontramos en los suburbios de una ciudad extranya, donde la vida occidental del centro contrasta con la vida todavia rural de las afueras. El paisaje empieza a cambiar a nuestro alrededor y el trafico loco de UB, sus bloques de pisos, centros comerciales y grandes avenidas dan paso a barrios de ‘Gers’ cada vez mas distanciados.
El cielo se vuelve gris y empieza a llover justo cuando nos asalta la sospecha de que no vamos en la direccion correcta. No hay duda; el sol y la brujula estan de acuerdo en que nos dirigimos hacia el norte en lugar del oeste. Empezamos bien.
Una vez en direccion oeste conducimos hasta que la carretera se corta y hemos de desviarnos campo a traves. En ese momento conduzco yo y pronto estoy cruzando mi primer rio… bueno, llamemoslo arroyo mejor.
Aunque avanzamos campo a traves, hay muchos caminos que transcurren a uno y otro lado de la carretera principal, que esta cortada, asi que podemos ver otros vehiculos a derecha e izquierda. Algunos son equipos del Mongol Rally… y uno de los coches va encima de un camion!
En una parada para tomar una foto, un camion con dos hombres y cuatro caballos para a nuestro lado. Empiezan a hablarnos en mongol como si entendieramos lo que dicen. Tras mucha gesticulacion y algunos dibujos en el polvo de Teri (nuestro jeep) entendemos que nos quieren invitar a su Ger y nos indican que les sigamos.
La interpretacion resulta ser del todo incorrecta y en realidad nos llevan hasta un restaurante de carretera en un pueblecillo llamado Lun donde experimentamos nuestra primera comida mongola en companyia de nuestros amigos del camion. Le echo un vistazo al menu, gesto del todo inutil, y dejo que elijan por mi. Aunque mi plato rebosa de ‘mutton’ (carne de oveja), omnipresente en todo lo mongol (hasta nuestro mapa huele a mutton), no esta tan mal como me esperaba. Tambien tiene arroz, verduras y tortilla francesa. Me como todo esto mientras el mutton queda arrinconado a un lado del plato.
Durante la cena, se desata un pedazo de tormenta, con unos rayos que iluminan la noche a traves de las ventanas y un viento que golpea la puerta con fuerza. Me encantan las tormentas, pero a partir de esta noche dormimos en tienda… Decidimos pedir una habitacion en este restaurante, que resulta ser hostal tambien. Mientras la tormenta azota, la chica nos guia a nuestra habitacion y empieza a forcejear con la llave. Viendo que no se abre, nos indica que esperemos. Suponemos que va a buscar la llave correcta. Cuando vuelve, nos dice que no podemos quedarnos porque las llaves estan en Ulaanbaatar. Genial. La tormenta sigue pegando fuerte y bastan los pocos metros que separan la puerta del restaurante con el coche para empaparme.
Nos acabamos de meter en el coche cuando alguien toca a mi ventana. Es uno de nuestros amigos del camion con caballos. Nos indica que les sigamos de nuevo hasta el restaurante-hotel. Alli nos invitan a cerveza y te, mientras esperamos a que pase la tormenta. La conversacion trascurre entre gestos, sonidos y palabras, la mayoria de las cuales carecen de sentido para ambos lados. Nos ayudamos de la seccion lenguaje de la ‘Lonely Planet’ lo que nos limita a preguntar el nombre, la edad, desear que el ganado este engordado bien y poco mas.
Unas cuatro cervezas y mucho te despues, la tormenta ha pasado y Nat y yo todavia pensamos inocentes que nos van a invitar a su Ger, con el resto de su familia. La realidad es que ellos tambien estan de camino hacia algun lugar lejano de sus casas y necesitan un sitio para dormir.
Nos desviamos de la carretera a un par de km del restaurante donde podemos plantar nuestra tienda. Pero antes de irnos a la cama (al saco para ser mas exactos) es hora de tomar unos chupitos de vodka. En Mongolia el vodka es sagrado y es inapropiado rechazar la invitacion, por lo visto, asi que acabamos dandole al vodka. Eso si, de manera ritualizada, consistente en mojarte los dedos y salpicar unas gotas de vodka al suelo y al cielo mientras dices los nombres de las personas que tienes a tu alrededor para que tengan suerte.
Es tarde y tenemos suenyo asi que les pedimos que salgan de la tienda para que podamos dormir. Ellos duermen uno dentro del camion y el otro a la intemperie. Los caballos, que han soltado nada mas llegar al lugar, pasan la noche por los alrededores. Los puedo oir desde la tienda.
La experiencia tiene un sabor agridulce. Nosotras pensabamos que ibamos a pasar la noche en un Ger con una familia de mongoles nomadas de la estepa. Sin embargo, los dos hombres del camion resultan ser de ciudad, uno de ellos de Ulaanbaatar.